Un fruto más del trabajo del Grupo Carcelario

Adriana Raynieri contó su testimonio en la reunión: “Por haberme involucrado en las drogas, fui detenida y llevada a prisión, donde estuve dos años y ocho meses. Allí comencé a participar de las reuniones que la Iglesia Universal realizaba. Realmente quería abandonar esta vida y poder ser un ejemplo para mis hijos.
Conocí a Dios de una manera triste, en medio del dolor; pero gracias a Él hoy soy una nueva persona. Estoy bendecida junto con mis hijos, luchando día a día en la presencia de Dios. Toda la vida de errores forma parte del pasado, gracias a Dios”, finaliza.
Todos y cada uno de los presentes, intercedieron en favor de los que necesitan estas oraciones.
Así, el trabajo carcelario crece en la provincia de Córdoba, asistiendo espiritualmente tanto a los reclusos como a sus familias, sabiendo que este arduo trabajo tiene su recompensa al ver a personas como Adriana, que pueden reinsertarse en la sociedad y comenzar de nuevo.
Si usted tiene algún familiar en esta situación, únase a este grupo en Rivadavia 50, Córdoba.